Primeras manchas y… ¿pinturas acabadas?

Vuelvo, esta vez con pinturas. Que ya era hora de que cambiase un poco la técnica. Y ni más ni menos que con cuatro cuadros. Bueno, tres y medio en realidad. Porque uno de ellos está sin acabar. De hecho, está en las primeras manchas.

El de las copas de vino, ya lo mostré hace tiempo en Instagram, pero le he hecho varias modificaciones (sobretodo en la copa de la izquierda). A día de hoy, no sé si seguir trabajando un poco los brillos de esa copa, porque no me terminan de convencer.

El caminito de piedras también lo enseñé en Instagram, pero con truco. En aquella ocasión modifiqué un poco los colores y brillos. Esta vez he hecho una foto con la poca luz que tengo en mi cuarto y la he subido tal cual.

Y el camaleón… no sé si darlo por terminado o seguir metiéndole detalles. Quizá trabaje un poco más la cabeza del camaleón y las hojas. Esa morada del fondo no me convence en absoluto. Aunque en la foto que uso de referencia está sumamente iluminada, en mi pintura me parece un pegote claro que destaca demasiado. El que debe destacar es el camaleón, que para eso es el protagonista del cuadro.

Y la mancha de la que hablo al principio es esta:

Sin título. (Acrílico sobre papel, 14x22cm)

Como siempre, las primeras manchas son las más feas de todas. Además, con unos colores un tanto sinsentido. Ya que se supone que va a ser un cerdo asomándose por la puerta de su pocilga. La lógica de algunos dirá que un cerdo morado en la vida. Pero mi lógica de colores (totalmente absurda y casi nada entrenada en la teoría del color), me dice que las sombras del cerdo se ven moradas y las luces grises. Así que empiezo con morados y luego ya veré cómo convierto ese alienígena lila en un cerdo normal y corriente. Y como podéis observar, tanto el suelo, como el dintel y marco de la puerta de la pocilga están sin pintar. Es una madera que se ve casi negra y todavía no he decidido muy bien cómo afrontar la madera “negra”. Tengo que reconocer que los tonos pardos muy oscuros se me dan fatal porque casi nunca consigo el color que quiero a la hora de mezclarlos.

En un lienzo sin bastidor tengo el boceto del que será mi próxima muerte y destrucción pintura. Pero supongo que ese lo enseñaré cuando tenga algo de color. Y cuando lo enseñe comprobaréis por qué me he vuelto loca y me voy a morir haciéndolo. Hasta entonces, os voy a dejar con la intriga.

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Las cosas que se me ocurren de vez en cuando.

El otro día me ocurrió un suceso medianamente esperado. En realidad era inesperado, pero no del todo inesperado. No me explico, lo sé. La cosa es que el otro día haciendo el indio (como suelo hacer cuando estoy sola en mi cuarto y nadie me ve), le dije adiós a una uña del pie. Al final, al parecer, es un hasta luego pero de momento parece un adiós. La cosa es que llevo unos días coja. Nunca me imaginé que algo que tenía prácticamente muerto doliese tanto y que ese boquete que ha dejado interfiriera tanto en cosas tan habituales como andar. Lo de no poder ponerse un zapato cerrado era de esperar, pero me ha estado doliendo simplemente por estar ahí. ¿O debería decir: por no estar ahí?

La historia es que he estado un par de días coja y bastante dolorida, así que me he pasado gran parte del tiempo tirada en la cama. Porque puedo. Y para distraerme me ha dado por quitarme una espinita clavada: pasarme el juego de GBA The legend of Zelda: Minish cap. Además, ha sido en plan maratón. Y ya sólo me queda la mazmorra final. Pero voy a ir en plan a por todo. Pero esto no lo primordial del asunto. El asunto es que debo confesar que a veces se me ocurren ideas muy raras. Y jugando a este juego se me ocurrió una de ellas.

Para los que no conozcan el juego, el protagonista para solventar la situación ha de pedir ayuda a unas criaturas diminutas, los minish. Durante la aventura, él mismo ha de hacerse pequeñito, ya sea para visitar el mundo minish o para resolver algunos puzles y obstáculos. Cosa que me encanta, porque el mundo diminuto me fascina desde… desde que me enganché de pequeña a los Fraggle Rock o a Los diminutos. El mundo a ras de suelo siempre me ha llamado la atención. El cambio de perspectiva me parece fascinante. Lo que para nosotros puede ser pequeño, para otros puede ser enorme. De hecho, siempre he querido hacer una historia sobre seres diminutos, pero nunca me he animado del todo a hacerla.

Mi fascinación por el mundo “pequeño” no es el porqué del dibujo. Sino cómo mi mente asocia ideas y fusiona mundos como le da la gana. No he podido evitar ver a los minish y pensar en otros seres pequeñitos, como los Fraggle, los Diminutos, Arriety, Olimar y los Pikmin… Y se me ocurrió este extraño crossover. En el Minish cap existen unas piedras de la felicidad que están partidas en dos y tienes que ir buscando la pareja de la parte que tengas. Si consigues unir las dos mitades de una piedra, sucede algo bueno. Así que se me ocurrió dibujar a un minish intentando unir sus piedras a otros personajes diminutos de otros “universos”. En un primer momento iba a a pintar a más personajes, pero como son dos mitades, pensé que con dos personajes iba bien. Pensé en poner a otros personajes mirando, como Tom o Lucy Little (de Los Diminutos), pero decidí no recargar la escena. Así que al final puse a los dos seres del jardín, el minish del bosque y Arriety (Kari-gurashi no Arietti, 2010 -Studio Ghibli). Bueno, y un pikmin, porque soy una fanática de los pikmin, aunque no lo parezca.

mundo-diminuto

Mundo diminuto. (Acuarelas y estilógrafo 0.4) (Tamaño A5 aporx.)

El original está más bonito, porque el escaneado me ha salido muy claro y he tenido que subir el contraste. Pero bueno, tampoco está tan mal este chute de color que tiene.

Y perdonadme por la falta de ayer. Mi cabeza tiene una maldita instalación meteorológica incrustada y cada vez que llueve constantemente durante muchas horas me entra jaqueca. De hecho, sigue lloviendo, pero afortunadamente ya no me duele.

Ahora, a seguir dibujando, que no puedo perder el ritmo.